Actualmente estoy estudiando para ser profesor de música en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la educación, más conocida como "el pedagógico" o simplemente "el peda". Acabo de terminar el segundo año y desearía haber comenzado esto desde un principio, sobre todo porque el primer año uno adquiere muchas nociones básicas de como aproximarse a la enseñanza musical, las cuales se desprenden de, por ejemplo, la metodología de las y los profesores de instrumentos o de lecto escritura.
Al no haber comenzado de un principio, esto será un diario (aunque dudo que escriba todos los días), que a ratos buscará en mis recuerdos para relatar o explicar lo necesario para entender el presente.
Actualmente me encuentro dando clases de guitarra desde agosto, a un niño de 5 o 6 años, quien para mi sorpresa tiene mi mismo nombre y apellido. El es muy entusiasta con la guitarra, y desde que comenzamos a demostrado un constante progreso en cuanto a la comprensión del instrumento; pero esto en ningún caso es exclusivamente valor de las clases, sino principalmente de su entusiasmo intrínseco y de una habilidad auditiva que posé la cual me asombro bastante y considero interesante de narrar:
Desde un comienzo, note que jugaba bastante con las clavijas de su guitarra, pero nunca la dejaba desafinada y cuando afinábamos al comienzo de las clases, no usábamos afinador y él siempre detectaba cual o cuales eran las cuerdas más desafinadas y las corregía rápidamente. Comencé a sospechar que tenía aquello que llaman "oído absoluto", esa especie de superpoder que algunos músicos envidian; lo comenté a su madre, quien no sabía a que me refería y le expliqué vagamente que significaba. Ella se mostró entusiasmada pero cauta (a demostrado ser muy criteriosa y comprometida con el proceso de su hijo). Luego le comenté a mi profesora de solfeo, Giselle Garat, a quien considero una de mis maestras, quien es escéptica frente a esas designaciones grandilocuentes y que lo interpreto como una memoria que los seres humanos tenemos, pero que el entorno la va percudiendo hasta que ya no recordamos ese conocimiento. Sea como sea, en la clase siguiente decidí hacer una prueba con el muchacho: le indiqué que tocaría ciertas notas y él, sin mirar, debería decirme el nombre de estas; comencé tocando las cuerdas al aire (porque sabía que eran notas que conocía por nombre) y contesto cada una sin error y de inmediato. Luego toque las notas naturales faltantes, que no se encuentran en las cuerdas al aire de la guitarra (es decir: Do y Fa), las cuales también identifico con facilidad. Luego comencé a tocar las notas naturales en diversas alturas a lo largo del diapasón y las identificó todas, así que probé con un Do#, entendiendo que podía no conocer los nombres de las notas "no naturales" y quedó un momento en silencio pensando y para mi sorpresa respondió "Re bemol". Mi prueba había concluido y yo había quedado mucho más asombrado de lo que esperaba, de hecho al finalizar la clase le mostré a la madre del muchacho lo que habíamos hecho y le pedí si podía grabarlo más adelante a lo que accedió, pero finalmente cuando bajó mi entusiasmo desestimé. No soy muy amigo de la sobrexposición audiovisual.
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